Monólogo con mi Hermano.
En cuantas cosas has tenido razón, René. Ya sea sobre situaciones cotidianas, sobre algunos pensamientos filosóficos, sobre fútbol, sobre tu admiración a Mc Donald (A Allan, valga la aclaración). Lo que sucede es que esa forma tuya de expresar opiniones, a veces sarcástica, a veces irónica, a veces ambigua, deja espacio para el escepticismo, para la incredulidad. Sería prolijo detallar todas esas cosas en las que la vida me ha obligado a compartir tus criterios. Hoy solamente quiero decirte que en lo que me dijiste sobre escribir poesía tenés razón. Es solo para un sector, no por que la otra parte sea menos culta, sino porque la prosa es más contundente, más asimilable, menos “elitista”. Así es que enfilo mi “creatividad” al ensayo y la crítica.
Hay personas que se forman académicamente para alcanzar metas profesionales, bienes materiales. Vos te formaste, René, con una conciencia, con una calidad humana que trasciende los límites de la nobleza para alcanzar la sublime grandeza de los seres excepcionales. Y esa cualidad se torna invaluable, cuando se nos transmite, se nos interioriza, se nos vuelve propia. Lo siento así, René, cuando un niño me pide un lápiz, una caja de crayolas, entonces veo sus ojos y recuerdo cuando de tu limitado salario comprabas útiles a los niños de la Sandoval. O me venden un número de una rifa, no quiero comprarlo, pero recuerdo que comprabas números de cualquier cosa que te ofrecían, y precisamente, el número que ya había jugado, porque “ése no lo compra nadie”.
No sé por qué yo olvidé mi infancia; lo único que recuerdo son destellos borrosos de algunos años. La pequeña diferencia de edad entre nosotros significa que compartimos muchas cosas: la afición por las Aventuras de Kalimán y el pequeño Solín, las de Rayo de Plata y su inseparable compañero, “el Serranito”, las de Julián Gallardo y su brazo derecho, el Licenciado Veinte Leguas. La Coca Cola de la que tomábamos la mitad cada uno, la semita que no podía tocarse porque era de quien no había comido, Lejanamente el juego de lotería, vagamente una rueda de caballitos, una nariz de payaso comprada en aquél circo que nos regaló las entradas porque tomaban el agua de nuestra casa. Breves recuerdos, pero indisolubles lazos de hermandad, al que se nos unió la pequeñita de entonces, Dunia.
Y la adolescencia, René? Sabes que conservo una imagen nítida en mi cerebro. Tu primer día de Clases en el Juan Lindo. Yo ya cursaba el Primer Año de Bachillerato. Ya había abordado el bus de Don “Yoy” y estaba sentada con una muchacha. La fila se estaba formando y Jacobo Figueroa, mi compañero, me dijo: “Hacete para allá”. Y escuché tu tímida voz, sin haberte visto, diciéndole: “No, sentate aquí, con mi hermana me siento yo”.
Tu insistencia en asistir a aquél carnaval para presentarme al “famoso once de la Huerta”. Llevaba implícita tu afición por el fútbol bonito, alegre, y no sabes, René, que haber amado a ese hombre fue, a pesar de todo, una experiencia hermosa, una linda época en mi vida.
Cómo transcurren los años, parece que solamente es un instante, pero compartir una vida con un sinfín de avatares, de momentos tristes y alegres, de identidad y cercanía cuando las circunstancias parecen ser tan difíciles, es solamente posible cuando se ama entrañablemente, cuando la filialidad es el común denominador entre los integrantes del núcleo familiar.
Cuánta gente admiramos en común, René, futbolistas (Deco, Amado, Nelson, Obando) políticos (Fidel, Jorge Arturo, Gabriela Núñez, Hugo Chávez), Maestros (Olga, Hugo, Moncho Baide, Maricela), caricaturistas (Mc Donald), escritores (Galeano, Rigo Paredes, te hace falta conocer a Saramago, Rene). En fin, el mundo es amplio y nuestro. Y qué bonito es saber que al igual que amamos lo noble del ser humano, odiamos la injusticia, la miseria humana, la deslealtad, la deshonestidad, la irresponsabilidad.
Olvidaba tu afición por los boleros; aquí como que las cosas no son tan parejas. Claro, José Alfredo Jiménez es un ídolo familiar; Julio Jaramillo también. Pero yo creo que “Perfidia” es solo tuya, que la disfrutas profundamente, Es que parece que el bolero palpita en tus venas cuando los escuchas, es como si su letra te conmoviera hasta la interioridad de tu ser; bueno, no son todos, tu exquisita selección registra las paginas más hermosas del romance, del amor apasionado, de las buenas voces.
No quisiera terminar, Rene, es que hablar contigo me hace revivir, me vuelve fuerte, con ánimo. Es como si me inyectaras la sabia de tu generosidad, de tu entrega a los demás y en los momentos en que decaigo, me hace mucho bien. Pese a que hay situaciones que hieren la armonía, como las luces de un árbol en diciembre, o alguna fiesta que se me ocurre hacer, o esas interminables noches en Landos en las que no puedo conciliar el sueño, o ese cansancio tuyo tan evidente por las largas jornadas de trabajo que no me gusta, es hermoso saber que cuento con vos siempre, para lo que sea. Y quizás lo mejor sea que todos: Papá, Mamá, Karol, Dunia, Marco y yo, y el resto de la familia, siempre contamos con vos.
Todos saben que mi cristianismo es más que espiritual, muy práctico. Pero en los momentos sencillos en lo que platico con Dios, le doy Gracias por todo lo que me ha dado. Mi Familia, Mis Papás, Mis Hermanas, y el Hermano que todo el mundo desearía tener, pero que el Señor nos dio a nosotras. Un verdadero Hermano. Te he dicho alguna vez que te quiero mucho, Rene? Bueno, yo sé que lo sabés.
Mima.